El poema de la semana

Tenía que decírtelo

«Tenía que decírtelo.
Era todo mentira.
No era verdad que el tiempo que se va no regrese,
ni que uno sepa ser tan solo una vez.
Que mi destino fuera perseguir lo que escapa
y que tú no existías.
Todo fue un simple engaño.
No es cierto que se puede ser feliz
junto a alguien que lo conoce todo de ti menos quién eres
ni al lado del que jura que la suerte está echada
y tu número no existe nada más que en sus dedos.
Tenía que decírtelo.
Es falso que el amor sea un tren en marcha.
Es falso que el pasado nos deje siempre atrás,
las cuerdas que nos atan se sueltan si transformas
la mano que acaricia en la que dice adiós.
Tenías que saberlo.
No podía esperar a escribir un poema
en el que te diese las gracias por salvarme de mi vida.»

Benjamín Prado

El poema de la semana

Me basta así

«Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).»

Ángel González

El poema de la semana

Noche

«Sobre la nieve se oye resbalar la noche

La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces

De una mirada encendí mi cigarro

Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío

En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos

Y el viento
gime entre las alas de los pájaros

LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO

Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos.»

Vicente Huidobro

El poema de la semana

Cartas a una desconocida

«Cuando pasen los años, cuando pasen
los años y el aire haya cavado un foso
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
y yo sólo sea un hombre que amó,
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!»

Nicanor Parra

El poema de la semana

Tinieblas

«Mi alma tapiada jamás ha conocido
oscuridad tan íntima, paisaje deslumbrante,
como el punto ciego, del que brotan las visiones
en el corazón de la mirada crisólita…
la oscuridad mística que acaricia el trono de Dios
en un esplendor más allá de lo imaginable,
tan rápido y brillante.

Mas las muchas tinieblas retorcidas
que por la ciudad se despliegan,
sutilmente confusas, se cruzan y separan,
menguan y viscosamente fluyen;
tinieblas de lujuria y avaricia,
del cuerpo devastado y del corazón indecente…
yo conozco estas tinieblas.»

Aldous Huxley 

El poema de la semana

A la rosa

«Pura, encendida rosa,
Émula de la llama
Que sale con el día,
¿Cómo naces tan llena de alegría
Si sabes que la edad que te da el cielo
Es apenas un breve y veloz vuelo?
Y no valdrán las puntas de tu rama
Ni tu púrpura hermosa
A detener un punto
La ejecución del hado presurosa.
El mismo cerco alado,
Que estoy viendo riente,
Ya temo amortiguado,
Presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
Te dio Amor de sus alas blandas plumas,
Y oro de su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
De la deidad que dieron las espumas;
Y esto, purpúrea flor, y esto ¿no pudo
Hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
Róbate licencioso su ardimiento,
El color y el aliento;
Tiendes aun no las alas abrasadas,
Y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
Está al morir tu vida,
Que dudo si en sus lágrimas la aurora
Mustia tu nacimiento o muerte llora.»

Francisco de Rioja

El poema de la semana

Sonetos I

«Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud se cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,
detenido esplendor del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y fuego equidistante.

Espada, llama, incendio cincelado,
que ni mi sed aviva ni la mata,
absorta luz, lucero ensimismado:

tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra oscura.»

Octavio Paz

El poema de la semana

A trabajos forzados

«A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.»

Antonio Gala